miércoles 6 de mayo de 2009

(In)digestión

Ayer cumplió años –no se cuantos, ni me importa– mi amigo Ugarte, con quien cené el lunes, junto con el gran Guariste –hombre de gran talla–. Fuimos al Foster’s Hollywood –american food a tope– de Gros.

Siendo tres los comensales que nos sentamos en una mesa de cuatro con cuatro sillas, ocupamos las cuatro: una para cada uno y la restante para el libro de Ugarte sobre el Lendakari, con todas sus letras.

Al ser mi desvirgación con la comida americana, mis dos acompañantes de cena me aconsejaron en la elección. Yo quería una hamburguesa normal, pero me entró curiosidad por probar la de Ugarte que era la misma que la mía pero con bacon. Sin embargo, el del libro, optó por sumarse a la de Guariste, pues tenía cebolla. Finalmente, yo también sumé la cebolla a mi hamburguesa. Conclusión: los tres pedimos lo mismo.

De entrante: patatas fritas con queso fundido por encima. Eso tenía que tener más calorías que átomos. ¡Menuda ración que ingerimos! Después: pedazo de hamburguesa a la que, con dos cojones, sumé ketchup y mostaza. Me la metí entre pecho y espalda con un esfuerzo terrible. A todo esto, tarifa plana de Pepsi Cola, en plan txotx de sidrería hernaniarra a razón de dos euros y pico. Resultado: tres vasazos.

De postre tomamos batido de chocolate con mogollón de nata Guariste y yo y bizcocho caliente de chocolate hipercalórico –desconozco el nombre técnico– el Ugarte.

¡Todo un festín! 60 todos y 20 cada uno.

Pasadas las horas, a las 6 de la mañana exactamente, cuando Federico me despierta para levantarme a correr, me da la sensación que mi estómago aún está dale que te pego con la digestión de la cenorra. Fede me recuerda que elijen a López como Lehendakari. Indigestión.

martes 17 de marzo de 2009

Libro y pizza

Las multinacionales no me van y Telepizza tampoco, pero debo reconocer que el domingo cené pizza, de esas que te traen hastsa la puerta de casa. Aún así, debo advertir que la llamada a la supervivencia no la hice a Telepizza –el secreto está en la masa– sino a Pizza Sprint –todo el sabor de Italia–.

La Pizza Primavera, para que se vaya notando que ya vienen las sangres alteradas y los campos en flor –ya saben de qué sangres y de qué flores–, vino enpaquetada, por así decirlo, en caja de cartón, de estas de pizza, amarilla con alguna raya azul. Me la jalé a razón de diez euros y cincuenta céntimos mientras veía las hazañas de los Darling en la teleserie Sexy Money y me empachaba a base de pan, queso, pimientos, jamón york, champillones y aceitunas. Una delicia, ni Arzak en sus mejores momentos y tiempos.

Hasta ahí todo normal; bueno, no tan normal porque no cometo regularmente atentados contra la gastronomía. Cuál mi sorpresa cuando fui ayer a echar, a recilar, mi caja de pizza al contenedor correspondiente de la plaza Bucarest –se pueden imaginar quienes se han asentado en una plaza que, aunque la denomine así, no consta en el callejero con ese nombre– cuando me encuentro a tres señores de los cuáles uno me pregunta qué voy a depositar en el contenedor.

– ¡Chico! ¿Qué tiras?
- ¿Eing?(Cara de bobo, cada uno la que tiene).
– Bah, nada. No son libros.

Pues no, no son libros, caballero. Yo un libro no lo tiro ni loco y una pizza recién hecha tampoco.

lunes 9 de marzo de 2009

La sabiduría es mejor que el oro

O como hacerme valer de una frase bíblica convertida en lema universitario para titular mi blog y, de paso, la primera entrada de mi nuevo txoko que, seguramente, terminará igual que el anterior. Osea sé: aniquilado y liquidado.

Así quedó mi anterior blog Si el río suena agua lleva; sepultado bajo un R.I.P. –o D.E.P., para el lector ignorante– por no haberle dedicado el tiempo que merecía a tan galante bitácora; aunque no por inactivo era menos bueno. Es más, estoy convencido de que si me hubiera puesto manos a la obra habría conseguido un blog provechoso.

El constante raca-raca de los temas políticos, de los que opinaba, le invitaron a que, por lo menos, tuviera un digno funeral. Pero el desdichado no tuvo ni eso, pues su padre, yo, lo dejé abandonado y como no existen orfanatos para bitácoras, opté por convertirme en filicida, una vez más. Pim, pam, pum; bocadillo de atún. Fuera blog.

Con las entradas que publique de ahora en adelante espero demostrar que sapientia melior auro –o, en pesetas, que la sabiduría es mejor que el oro–. Curiosidades diarias que alimentan nuestra cognición.

Sin más que añadir, simplemente, dar la bienvenida a los nuevos visitantes y a los viejos decirles que les debo unas cuantas líneas para compensar mi parón de escritor –me he pasado con la autodenominación, pero bueno–.

NOTA: Invito al lector a que se me insista en el tema de los filicidios para hacer un análisis de los proyectos frustrados personales. ¡Son tantos y dan tanto juego!